Loading...
La Dirección General de la Mujer te da la

Bienvenida

Conoce la historia de EVA y haz la evaluación. La violencia de género es una guerra que estamos perdiendo en silencio. Recuerda, nadie es más, nadie es menos: todos somos iguales.

Escuchar la historia de Eva


Te recomendamos leer o escuchar antes la historia de Eva.

Historia de Eva

La Historia de Eva

Hola soy Eva.

Nací y he vivido en Apodaca, Nuevo León toda mi vida.

Aquí ha transcurrido mi historia y de ella quiero contarte algo que seguramente te va interesar.

Pon atención...

Un buen día conocí al hombre del que me enamoré y con el que pensé estaría hasta el último segundo de mi vida.

Viví a su lado lo que parecía un sueño. Era atento y buscaba darme detalles. Dime tú si eso no enamora, ¿verdad que sí?

Cuando comenzamos a salir, todo el tiempo me buscaba y me llenaba de halagos y piropos que me hacían sentirme única.

Los primeros meses de nuestra relación fueron muy lindos. Los detalles, el tiempo que me dedicaba y el procurarme a que siempre estuviera bien.

Historia de Eva Él trabajaba en un parque industrial cerca de casa de mis papás, entonces al salir pasaba a visitarme. Se sentía muy contento con su trabajo y lo que hacía. Me decía que tal vez lo iban a ascender.

Mi familia es tradicional, de esas donde mis padres viven juntos, pero donde honestamente crecí escuchando sus pleitos, gritos y demás situaciones que me hacían entender que esa VIOLENCIA era normal para que ellos estuvieran ahí para mi y mis hermanos.

Bien o mal, recordaba lo que mi mamá y amigas me decían: nos tienen que amar por lo que somos, por el simple hecho de ser mujeres.

Pero nadie nunca nos dice que nos deben de amar o respetar por ser tú, precisamente tú, en mi caso Eva, en tu caso, Lupita, Sara, Mary o tú que ahora lees esto.

Historia de Eva Entendí que el amor en las relaciones siempre lleva un poco de conflicto por lo que viví en mi casa; eso pensaba... la realidad es que si lo piensas bien y ponme mucha atención: EL AMOR en las parejas no tiene porque tener nunca conflictos. Puede existir diálogo, consenso o negociaciones, pero siempre pacíficas por el bien de los dos.

Lo que comenzó como cuento de hadas se convirtió en una pesadilla y duró el tiempo suficiente para entender al final que había perdido el control de mi vida, que me fue encerrando en algo que después supe que se llama EL CÍRCULO DE LA VIOLENCIA.

Historia de Eva Te sigo contando...

Un día todo comenzó a cambiar. Primero, y lo recuerdo muy bien, empezó con BROMAS.

De un día para otro, su sentido del humor, que al principio era muy sano, comenzó a enfocarse en mí y hacer chistes acerca de mi cuerpo.

La verdad, lo sentía como cariño y un detalle más de su atención, pero de pronto, el tono fue subiendo. Del "mi amor", a "mi gordita", a "gorda" a “bofa”. Como estaba muy enamorada, me callé y me entregué y todo lo que podía dar de mí lo di. ¿Así es el amor, no?

Otro día al terminar de comer, se me quedó viendo a los ojos y pensé, ¿y ahora qué le picó?

Era una mirada retadora. Lo miré yo también como para preguntar qué estaba pasando y me dijo: ¿Con quién tanto hablas en el celular?

Yo no entendí el comentario y que quedé callada, luego él se paró y se fue. Lo sentí molesto, pero la verdad no tenía idea de porqué.

Historia de Eva Los días siguientes fue el mismo comportamiento. Lo sentía muy malhumorado y seguía con lo del celular. Para no aburrirte, te cuento que terminó diciéndome que si lo amaba tenía que darle mi contraseña, para sentirse tranquilo. ¡Imagínate!, la contraseña del teléfono.

El que nada debe, nada teme, me dijo cuando tontamente accedí a darle mi clave del celular. ¿a ti te ha pasado?, ¿qué hiciste, qué le respondiste? En ese momento no lo vi mal porque mi argumento es "lo amo" y estas son las pruebas de la fortaleza de nuestra relación.

Error. Error. Error.

Entró a mi feis y a la whats y pues no había nada más que memes, cadenas de oración, chistes que nada más entendemos las mujeres y uno que otro chisme. Con el tiempo nos establecimos como pareja. ¿Qué es eso Eva?, ¿Quieres decir que te casaste? No.

Simplemente quiero decir que tomamos el compromiso de ser una pareja y vivir en la misma casa. Si me casé o no, es algo que no importa cuando de VIOLENCIA se trata.

Historia de Eva Puedes tener una relación de pareja como novios, amigos o casada, pero lo que sucede cuando la violencia aparece no es necesario un papel o una promesa. Pasaron un par de meses y un día llegó con la nueva "orden" de que no podía usar el teléfono sino estaba él enfrente. No quería malos entendidos ni dudas, pero decía que me notaba sospechosa cuando el trabajaba.

No le veía problema en ceder en esas cosas que para mí no tenían otro valor que darle su lugar y demostrarle mi ¿amor? o debería decir: mi miedo...

A partir de eso comenzó a prohibirme cosas y a controlarme de una forma más intensa. De pronto llegaba a la casa y me arrebata el celular, ah, y me prohibió cambiar la contraseña, porque sino, lo iba a conocer.

Y eso me lo dijo con su mirada enfurecida y las venas de su frente resaltadas. Ahí comencé a asustarme, a tener miedo, a pensar que tal vez él no era todo lo que me había demostrado antes.

Historia de Eva Luego todas esas locuras que te cuento desaparecían, y entrábamos en una LUNA DE MIEL y todo era bonito y no había pleitos, gritos ni dudas hasta que... sí: volvió a suceder.

Llegó un día muy noche. Me quedé esperándolo con la cena y pues decidí acostarme. Prendí la tele en lo que llegaba para ver si quería cenar. A eso de la una de la mañana llegó. Me paré a recibirlo y tenía esa mirada enfurecida, ¿la recuerdas?

No sabía qué hacer. Me regresé al cuarto porque se veía que estaba borracho y la verdad no recuerdo una escena así. Cuando empezamos, salíamos a fiestas y se tomaba sus cervezas pero pues yo tenía que llegar temprano a la casa, así que tal vez nunca se dio la oportunidad de verlo borracho a esas horas.

Me armé de valor, porque eso es lo que uno debe de hacer para mantener su familia unida. ¿Te caliento la cena?, le dije. Él me miró y respondió: ¿qué cena?, ¿no hay cervezas? Me quedé muda.

Historia de Eva Yo no tomo ni fumo. Así que no sabía qué decir. Volvió a hablar: te quedó dinero de lo que te di, me dijo.

Traía doscientos pesos en la bolsa para un abono de los muebles. Traigo doscientos, le dije.

Dámelos, contestó. Los arrebató y se salió. Regresó con más cervezas y se puso a escuchar música en la sala. La cena se quedó en la mesa y él tirado en la sala hasta el otro día. No lo quise molestar para que descansara, pero su actitud era otra, él era otra persona, sin detalles ni consideraciones.

Por la mañana escuché el ruido de un plato quebrarse. Abrí los ojos y salí. No sé si seguía borracho o qué pasaba. Pero volvió el miedo. Me fui a recoger los vidrios y a prepararle un café porque tenía que irse a trabajar.

Le pregunté si estaba bien, si había algún problema, pero no entendí nada de lo que dijo. Se metió a bañar y salió tarde a trabajar. Regresó como si nada y otra vez la vida tomaba su curso normal.

Con eso te digo que lo normal era que seguía teniendo mi clave del celular, de repente me decía cosas de mi físico, de repente llegaba tomado y tiraba cosas y luego también me reclamaba que yo le quitaba el dinero cuando el tomaba porque nunca le quedaba nada en la cartera.

Por no discutir ni hacerlo que se enojara, me quedaba callada. Además, siempre buscaba como ayudar con los gastos de la casa. Vendía cosas por catálogo y con esos dineros apoyaba para los servicios o la despensa.

A los meses lo despidieron de la fábrica. Me dijo que su jefe lo traía entre ceja y ceja y que le caía mal porque era muy bueno. En lo que encontraba trabajo, estuvo una temporada en la casa, llenando solicitudes y llamando a fábricas para saber si ocupaban técnicos, que era el puesto que desempeñaba. ¿Hace cuanto que ya no les hablo del amor?

Pues sí, eso se fue diluyendo con las discusiones que teníamos todos los días. Cuando teníamos intimidad, me maltrataba y no disfrutaba para nada el darnos ese amor.

Me sentía como un trapo porque ya no había ni palabras de cariño ni atenciones, sólo violencia. ¿Ya te aburrí? Espero que no porque ahí viene lo bueno...

Historia de Eva Un día amanecí en la clínica. Sí, en la clínica. De buenas a primeras, pidiéndole dinero para comprar leche y huevos, me dio un puñetazo en el estómago y otro en la cara. Caí desmayada.
Sí. Así como lo escuchas e imaginas. No supe de mí hasta que desperté entrando a la clínica que está a unas cuadras de la casa.

Al primero que vi fue a él y se me acercó y me dijo: "no digas que fui yo", te amo Eva y sujetó mi mano.

Me atendieron y pues sí, acepto que MENTÍ cuando me preguntaron cómo me había hecho esas heridas. Les dije que me resbalé.

No quería afectarlo y muy en el fondo pensé que había sido una casualidad, que no volvería a pasar. Todos cometemos errores y lo sigo amando porque lucha porque estemos juntos sin importar que me diga lo que me diga ni que a veces se enoje.

Error. Error. Error...

Mis visitas al hospital fueron frecuentes los meses siguientes. Luego de los golpes venían las disculpas. Me convencía yo de que cada disculpa era la última.

Pero así no es. Una vez que sucede, es abrir la puerta a que la violencia nunca te abandone.

Un día que estaba sola en la casa, me llené de miedo al saber que estaba muy tomado y venía en camino, que lo habían despedido de su nuevo trabajo porque se peleo con el supervisor. Me amenazó y culpó de su despido, que era yo la culpable, que por mi culpa no podía tener trabajo porque todo el tiempo le estaba pidiendo cosas y que no anduviera de borracho, si el podía hacer lo que quisiera y cuando quisiera.

Todo eso me lo dijo por el whats.

¿Qué me esperaría esa noche? No lo sabré pero sentí que podía ser la última. Me fui a casa de mis padres, les conté todo y me apoyaron.

¿Por qué lo permitiste?, me preguntaron.

Historia de Eva Por amor, fue lo que pensé, pero no se los dije, sólo lloré horas y horas.

Él me buscó y prometió que cambiaría, pero en realidad ¿tu crees que una persona que te violenta y atenta contra tu vida va cambiar? Me llené de valor y de amor por mí y me alejé de esa persona y de toda la violencia que producía en mi entorno. Es que me amas, yo lo sé, me decía. Sí, pero ahora me amo a mí y con eso me basta...

Esta es la historia que la Historia no cuenta de miles de mujeres que por miedo a perder la dignidad, el apoyo económico o su supuesto amor a la pareja soportan y son víctimas de la VIOLENCIA DE GÉNERO.

La violencia es una enfermedad silenciosa que habita entre las paredes de cualquier casa.

Cuando mis familiares se enteraron de mi situación, me recomendaron ir a la Dirección General de la Mujer de Apodaca a pedir apoyo y atención. Ahí terminó el miedo y acabó el sufrimiento y empecé a sanar lentamente.

Ahora mi historia es parte de la Historia de los testimonios de mujeres que tuvimos la oportunidad de salir del infierno en el que se convirtió el amor que sentía por el hombre que supuestamente amaba, pero ¿y el amor por mí, dónde lo había dejado?

Este es mi testimonio, es una verdad que tengo que aceptar. Me incomodaba mucho compartirlo porque entonces ¿qué tipo de mujer soy?

Pero todo eso ya quedó atrás. Hoy te comparto esto con todo el amor que me tengo a mí misma.

Te dejo estas preguntas para que las respondas con mucha sinceridad, tal vez es momento de que tomes decisiones por tu seguridad y la de tu familia. La violencia contra la mujer no es un juego, porque con nuestras vidas no se juega.